Niños felices, padres felices

Las pedagogías convencionales han rechazado en gran medida la utilización del juego libre suponiendo que carecía de valor pedagógico. Las nuevas tendencias en pedagogía sin embargo vuelven a dar mayor protagonismo al juego y la experimentación. Además del placer que produce, el juego es una actividad fundamental para un desarrollo integral y saludable del niño tanto a nivel cognitivo, como a nivel afectivo y social. En el juego se aprenden mediante las experiencias directas multitud de valores y conocimientos, además de habilidades físicas y destrezas.

El juego no dirigido tal y como lo planteamos incluye la participación adulta. Se acabaron las prisas por irse a otro sitio, se acabaron las interrupciones a l@s niñ@s, los llantos por no poder seguir jugando; se acabó porque madres y padres se sienten como sus hij@s. Se sumergen en el mundo de l@s niñ@s y descubren la riqueza que hay en él. Se dejan contagiar por el entusiasmo y pierden la noción del tiempo. Quieren seguir jugando, disfrutando.

Jugar relaja a las personas y relaja el ambiente. En el juego tod@s somos iguales, tod@s podemos participar. No respetar el juego es no respetar a las personas, no respetar a l@s niñ@s.

Una madre, un padre, conectado con las necesidades de su hij@ y con las suyas propias, solo puede alcanzar la felicidad si su hija o hijo es feliz. L@s niñ@s para ser felices necesitan madres y padres complacientes y sobre todo… ¡jugar!

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